A modo de prólogo:
“Los cuerpos cuentan, desde luego cuentan más de lo que estamos dispuestos a admitir; pero no nos enamoramos de los cuerpos, nos enamoramos de lo que somos, y si en gran parte nuestra naturaleza se ve circunscrita a un ámbito de carne y hueso, también hay otra cosa. Eso lo sabemos todos, pero en cuanto nos apartamos de un catálogo de apariencias y cualidades superficiales, las palabras empiezan a fallar, a mezclarse en confusiones místicas y metáforas nebulosas, insustanciales. Algunos lo denominan la llama de la existencia. Otros la chispa interior o la luz íntima de la personalidad. Y otros se refieren a la llama de la esencia. Los términos siempre evocan imágenes de luz y calor, y esa fuerza, ese principio vital que a veces llamamos alma, siempre se comunica al otro a través de la mirada… el misterio del deseo empieza cuando se mira a los ojos del ser amado, porque únicamente allí puede percibirse un destello de quien es ese ser humano.”
”Un acontecimiento así carece de explicación, no hay razón objetiva alguna que explique por qué nos enamoramos de una persona y no de otra.”
Paul Auster
Leviatán
“Tenemos que elegir el lugar al que pertenecemos. Debemos decidir si preferimos habitar dentro del círculo espiritual, junto a los demás seres o continuar viviendo en el centro de nuestra propia existencia en completa soledad.”
Priscila Cogan
La voz de la sabiduría
”Venimos a experimentar. Las crisis son necesarias y elegir no evitarlas nos impide aprender y avanzar. Los momentos de plenitud es necesario aprovecharlos. Les seguirán otros de insatisfacción, de duda, incluso dolor, pero imprescindibles para evolucionar. Esta vida tiene sólo un fin, la espiritualidad.”
Anónimo
“…una mujer al sol, he ahí todo mi deseo.”
“Indiscutiblemente aprendí mucho más con las mujeres que con los hombres; no podría dejar de amarlas”.
Vinicius de Moraes

Unas páginas del libro
(…) Regresaron de lo que creían que había sido su primer viaje. En el Metro de camino a sus casas y tras separarse, dio comienzo la verdadera historia de su mutua compañía. Se había enlazado a través del palabras sin volumen preñadas de mensajes. Frases sin sonoridad de los correos electrónicos. Por medio de esos silencios habían comprendido que partirían juntos al inevitable encontrón al que el destino les lanzaba. Elegir dónde, cuándo, escoger el territorio y los segundos, siempre era complejo. Encontrarse con el otro, con las entrañas históricas y espirales del semejante, era tan enrevesado como ir a la búsqueda de lo que cada cual portaba en el alma. El camino hacia esa cita comenzaba cuando se perdía lo seguro. El suelo, como la arena fina, como el tiempo, se colaba entre los dedos de los pies. Acariciaba los tobillos, dejaba sin firme el avance. En ese final de las seguridades se daba el primer paso hacia el otro, cuando ya se habían realizado mil pasos hacia uno mismo. Se mezclaba lo que había sido, lo que en apariencia era y las posibilidades que apuntaban las flechas de las tendencias. Cada segundo contenía la semilla de todo lo que iba a ser gracias a lo que había sido. Con cada encuentro se abría la puerta hacia un nuevo ramal del tiempo. Ellos lo iban a descubrir sin que en el momento en que se encontraron lo supieran.
A través de las palabras de luz, de las líneas dibujadas en un ordenador, se haría la cita. Así sucedió. Quedaron para dirigirse al pueblo de El Escorial. Las energías lineales desparramadas desde el monte Abantos protegerían a la pareja.
Cuando salieron de la habitación del hotel, les golpeó el aire vivo y hielo de la montaña. Les envolvió la sensación de que acababan de entrar en el establecimiento. Ella le llevaba de la mano. Él se dejaba arrastrar. Habían llegado la noche antes. Hacía unas horas habían abierto la puerta. Al cerrarla tras ellos, la gran cama de la habitación se tornó más silenciosa. Cada uno de ellos había intuido lo que en el lecho iba a encontrarse. La claridad fue más evidente con el primer beso, el aire de uno se convirtió en la razón del suspiro del otro. La carne exploró los dientes. Las humedades se derramaron en el vaso de la garganta del besado. Acompañaron las manos que se derritieron en las espaldas. Se aplastaron pechos contra pezones.
Quedaron las pieles vestidas de los dedos del otro. También las aristas, grietas, huecos y emociones dispuestas a cualquier examen. El amor, hacerlo, tenerlo, disfrutar de él, era simplemente un final. Cayó una prenda. Se deshizo un disfraz para comenzar la admiración de todos los universos que cada uno portaba.
En una primera desnudez ella intuyó la fuerza del macho. Al mismo tiempo afloraron las sombras de su propio cuerpo. Se le despertaron, como siempre, los temores, el desmerecimiento permanente que le acompañaba. (…)
Y de otro capítulo:
(…) Como un relámpago los ojos de Fatma aparecieron tristes frente a los suyos. En los de él se derramaban lágrimas profundas, océanos de desconsuelo, ácidas como la vergüenza.
Bajaba ya por la Medina cuando, entre las enroscadas callejuelas estrechas, oyó voces más arriba. Una columna de humo surgió de un sector de viviendas y un lamento silencioso se le posó en el alma.
Se dio la vuelta. Ascendió de nuevo para averiguar qué casa acababa de abandonar. Las puertas iguales, esquinas idénticas, pasajes similares conducían su loca carrera hacia ningún lado conocido. La hoguera esparcía su aroma de muerte. Le tiznaba el espíritu. Cuando llegó un cuerpo abandonado en la calle, chamuscado, le miraba desde su muerte con dos ojos suspendidos en la negrura abrasada de su rostro. Piel quemada se aferraba a lo más denso de su olfato. La mano acarició un cráneo sin cabello. Una chispa saltó entre los cuerpos. La Medina quedó solitaria. El espliego agitó su perfume cuando un peine de viento descendió de las colinas. (…)
Acabo de terminar la novela y me ha parecido muy sorprendente. La pena es que no dure más, proque te gustaría que la historia siguiera unos cientos de páginas. Como los libros que enganchan.
La idea de reflexionar con una historia muy dinámica sobre porqué nos relacionamos con una pareja me parece interesante. a parte es lo que todos hacemos. Cuando existe, además, la posibilidad de conectar con otras realidades vividas en otras vidas, sean reales o fantasiosas, el asunto se vuelve sorprendente.
Es un libro fácil de leer, los personajes están bien creados y la narración engancha y te lleva con facilidad.
Me lo he pasado muy bien leyéndolo y tiene escenas de realciones de pareja muy bellas.